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¿Está Prisciliano enterrado en la Catedral?

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Analizamos el nuevo libro de José Lesta y Miguel Pedrero, publicado por Cydonia y que versa sobre los orígenes paganos del Camino de Santiago y sobre la tumba del “Apóstol”.


LA TUMBA DEL ULTIMO DRUIDA

Por Rafael Lema

José Lesta y Miguel Pedrero en “La tumba del último druida” de editorial Cydonia, intentan exponer los orígenes paganos del Camino de Santiago, de manera amena, con afán de comunicar y llegar a todos los públicos, dentro de la vía de publicaciones sobre enigmas y misterios que a través de los siglos llegaron a nuestros días. Aunque muchos de los temas los hemos visto en otras obras y autores, este libro hace una revisión general muy válida para tener una guía de los principales secretos del camino que introdujo a Galicia en la cultura europea y de nuestra historia.

Los autores forman parte de ese grupo cada vez mas nutrido de investigadores heterodoxos que intentan buscar mas allá de las claves del evidente sincretismo latente en el gran camino europeo de peregrinación milenaria. Es la linea de Alonso Romero, Charpentier, Atienza, Dragó. Así el libro intenta tocar todos los palos de los secretos de la ruta, en un ejercicio que nos aporta una buena fuente de datos, investigaciones apasionantes y análises coherentes y fundados sobre muchos aspectos de la cultura actual gallega y atlántica.

En 1879 se realizaron unas excavaciones secretas, a escondidas y por la noche en el sepulcro de la catedral de Santiago de Compostela. Los restos hallados fueron tan sorprendentes que se ordenó detener las mismas. Seis años más tarde, un sabio alemán descubrió unos antiquísimos pergaminos, de casi mil quinientos años de antigüedad, supuestamente atribuidos a Prisciliano, uno de los últimos druidas, que terminó convertido en obispo y fue ejecutado por orden de las autoridades de la Iglesia Católica. Ambos descubrimientos podrían descorrer el velo de dos antiguos misterios: quién está realmente enterrado en la catedral de Compostela y la relación del Camino de Santiago con ciertas constelaciones, las marcas de astrología, magia y culturas ancestrales en el arte de la ruta. Es una de las claves del libro, dar a conocer la figura de nuestra hereje más famoso, y analizar el porqué de su repercusión en vida, tras la muerte y su permanencia actual como icono religioso y mártir popular, buscando la vinculación o contaminación de su mensaje con otras fórmulas también marginadas y perseguidas, como los cátaros, los gnósticos, la primitiva iglesia celta, los templarios. Pero el hereje galaico sirve de escusa para entrar en otras claves, resumiendo trabajos de otros autores sobre las fuentes de las creencias galaicas y esa hermandad cultural con la mal llamada Europa céltica, el mar celta, la cultura atlántica occidental unida por lazos evidentes desde finales de la edad del bronce y mucho antes.

En este libro, entre otros asuntos, los autores nos avisan que el lector conocerá: Los orígenes ocultos del druidismo, la enigmática religión celta,la influencia de las creencias de Prisciliano en los cátaros y templarios. El lugar de España en el que se encuentra el Santo Grial. La sorprendente procedencia de los autores de los petroglifos y los constructores de los megalitos; los mensajes encriptados en piedra, visibles en los templos sagrados que se erigen a lo largo del camino, el verdadero nacimiento de la peregrinación hacia Compostela, miles de años anterior a Cristo y relacionado con pueblos y creencias que se pierden en la noche de lo tiempos.

Y tenemos sobre estos temas la visiones aportadas por los mayores estudiosos del camino y por los propios autores en un ejercicio generalista que intenta simplificar teorías, corregir errores, aportar algunas claves que invitan al lector a seguir buscando con una guia que tiene el evidente merito de su carácter divulgador. ¿Sabemos quien está enterrado en la catedral? No, ni hay novedades. ¿Puede ser Prisciliano? Yo no lo creo, y nada nuevo me hace cambiar, pese a que le debemos a el la expansión popular del cristianismo en Galicia entre los paganos, la población rural menos romanizada, a quines les hablaba su idioma, mantenía un sincretismo válido con sus creencias milenarias. Su cuerpo fue traído al oeste pero no dio lugar al inicio de la ruta, ni a ninguna peregrinación. No era el tiempo adecuado. El camino ya estaba mucho antes. Venía al Finisterre, entendido como lugar mítico, isla de ningún lugar, paraiso occidental, tramo costero de la Frons Hispaniae, no al lugar exacto del actual cabo. Era el camino celta de Lugh, un camino indoeuropeo, lo fue de los celtas nerios, de los suevos y otros pueblos germánicos. Y de los romanos. Ese fue el antecedente del camino medieval de todos conocido más próximo, la Callis Ianus, el camino del dios de las dos caras, Jano, que unía Éfeso con Roma y lugo.

No tiene objeto el enterramiento de un hereje en un lugar que en su época no era significativo como enclave cristiano, ni como lugar de culto. Era un lugar romanizado, con un mausoleo romano de una matrona, una terma viaria. La posibilidad de su tumba en Bóveda es más coherente.

¿Está Santiago en la catedral? No fueron descubiertos huesos de su época bajo sus losas, no hay evidencia ni de su tumba ni de su estancia en Galicia. Ni esta ni se le espera. La fraudulenta invención (de invento, no de aparición, seamos serios) de 1879 aportó un grupo de huesos de varias personas, incluso de mujeres en la supuesta tumba hallada con nocturnidad y alevosía por un obispo y un obrero a palazo vivo en la medianoche y ante el espanto y crítica feroz del cabildo. Bajo la catedral hay una necrópolis tardorromana, y no hay restos humanos anteriores al siglo IV.

Pero en un momento de la edad media la catedral albergó unas reliquias antiguas y muy valoradas por el primer cristianismo. ¿Del apóstol Santiago traídas desde Alejandria a Mérida, o de un discípulo del apóstol patronus? Tenían que ser reliquias insignis, para un lugar de culto excepcional. Y si hoy no hay nada, su valor queda intacto como relicario que un dia las albergó dentro del complejo mundo de las reliquias y las peregrinaciones cristianas medievales. Que eso y no otra cosa es el Camino de Santiago. En superficie. Bajo sus losas tenemos todo lo que este libro apunta.

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